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De la academia del Lama al dúo con Kiko Veneno: Jaime

De la academia del Lama al dúo con Kiko Veneno: Jaime

Con siete años los Reyes Magos le trajeron su primera guitarra. Su madre no tardó en apuntarlo a la academia de José Antonio Lamas, en una bóveda de las murallas de Cádiz.

Una mañana de domingo, muy temprano, tendría 8 años, me rogó, como piden los niños, medio llorando, que no lo llevase más a clase de golf. Que no le gustaba. Lo metí en la cama, lo arropé, y le dije que siguiera durmiendo.

A partir de los 11 o 12 años se pasaba las horas delante del ordenador anotando en un cuaderno de cuadraturas las canciones de James Taylor que yo repetía una y otra vez en el coche y en un reproductor de cd que tenía forma de balón, amarillo, con el logo de JB.

Jaime, ahora con 28 años, cumplió anoche un sueño trabajado durante años junto a sus amigos de Vera Fauna, Quique, Javi, Juanlu, y el más reciente, Alejandro. Cabecera de cartel en la Monkey Week en Sevilla, de la mano de su manager Josinho. Auditorio del Cartuja Center, llenazo ya antes de las 11 y media de la noche. Ellos, la banda de la verdadera fauna, versionando las canciones del álbum “Échate un cantecito”, disco de culto de Kiko Veneno que este año celebra su 30 aniversario, como relata Fernando Rodríguez Múrube en su crónica en ABC de Sevilla.

Ya lo expresé hace unos meses en mis perfiles sociales, cuando le felicité, nada más conocer la noticia de la presentación en Sevilla del tándem Kiko-Vera Fauna: la constancia, especialmente cuando se navega ciñendo contra el viento, es una cualidad imbatible si se mezcla con entusiasmo, preparación, sentido crítico para mejorar y mejorar, trabajo en equipo y espíritu de superación. También hay que mezclar con ambición.

Todos acabamos madurando. Eso me dicen mientras yo espero hacerlo, quizás a la vuelta de la esquina, cuando sobrepase la barrera de los 60.

Jaime, mi hijo, ya lo hecho. Atrás quedan nuestros esfuerzos, de Macarena y míos, por marcar una dirección, una senda, dejando que él la recorriera a su manera, pero mirándolo desde arriba. Sus estudios en Australia, en Adelaida (quisimos mandarlo a las antípodas de Cádiz, pero Tasmania nos parecía demasiado cruel), el verano con sus primos americanos en Minnesota, el año sabático en Newcastle después del bachillerato. Los cambios de carrera. Estudios Árabes le duró menos que decir salam aleikum. El doble grado en Políticas y Sociología, en la UPO. Otro año sabático, éste al menos en Madrid. Estudió poco pero se ganó las perras tocando en bares de Malasaña. Por fin, un adiós a la uni, con un título bajo el brazo. Master en Prevención de Riesgos Laborales, que es lo que ha elegido para desarrollar su carrera profesional y ganarse las habichuelas. Ahora, su prioridad es darlo todo, también, como auditor PRL.

Anoche, su madre y yo lo mirábamos, en el centro del enorme escenario, bajo los focos, con un fondo de humo blanco. Cantando a dúo “Lobo López”, junto a Kiko Veneno. Mostrando una bonita complicidad entre el artista consagrado y el joven discípulo, si se puede decir así.

Querer lo queremos muchísimo, porque, como dice su abuelo Mon, es un tío cojonudo. Tampoco es la primera vez que nos sentimos orgullosos de él. Ésta ha sido una más, pero muy especial, disfrutando bajo los acordes conjuntos de su banda sevillana, de su Vera Fauna. Acompañándolo y viéndolo feliz al cumplir un sueño, otro más, de los muchos que le quedan por delante.

Macarena y yo esperamos, como anoche, poder seguir siendo testigos de su felicidad, con la baba caída.

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